Empoderarse significa aumentar la fortaleza espiritual, política, social o económica para impulsar cambios positivos en nuestra vida. En el caso de la mujer dicho término cobra especial relevancia por su historia de sometimiento al hombre e implica una transformación que parte de lo personal para dirigirse a lo colectivo, al cambio de las estructuras que perpetúan la desigualdad y el pensamiento retrógrado. Para ello, lo primero es darse cuenta de que los comportamientos oficiales no tienen por qué ser los válidos y, en consecuencia,  deben ser transmutados. La raíz del propio término nos da algunas claves de cómo conseguirlo: a través del uso del poder, pero sobre todo de la potencia, no olvidemos que viene del inglés empowerment y power también significa energía. La energía es una condición esencial para que una persona se fortalezca a pesar de estar en una situación de privación, daño, violencia, marginación, pobreza o discriminación.

En cuanto a la vinculación directa con el poder, no se trata de ambicionarlo para estar por encima de nadie, sino de utilizarlo para que todos podamos llegar a los mismos lugares, tener las mismas oportunidades y compartir una conciencia de género. Es definitiva: tener conocimiento de que la subordinación de las mujeres ha sido impuesta por un sistema de discriminación socialmente construido que pide a gritos un cambio.El presente proyecto aborda los diferentes procesos de autodeterminación de la mujer a partir de una reflexión activa y fortalecida. Las estrategias utilizadas por las artistas para poner de manifiesto este control -material y simbólico- son de lo más diverso: apropiación de términos, negación de estereotipos, subversión de comportamientos, crítica y afirmación de corporalidades, cuestionamiento del género, relectura de cánones y revisión general de todo un imaginario colectivo que menosprecia el papel de la mujer.