AFECTOS FUGACES
Exposición de Jesús Madriñán en La Térmica
La aceleración y la falta de sorpresa son propias de las relaciones sexo-afectivas en era de las aplicaciones. Ya no es necesario estar en el lugar adecuado, con la gente idónea o la predisposición suficiente, basta con abrir el móvil, meterse en el icono y comenzar a scrollear un inventario de personas vacantes, perfectamente clasificadas al gusto del consumidor y a pocos metros de distancia. El fenómeno tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por un lado, el dinamismo y la accesibilidad relacional democratizan el escenario para diferentes colectivos menos visibles, como es el homosexual, en el que Grindr —la aplicación de citas entre hombres más extendida a nivel mundial— ha supuesto una transformación radical en la forma de ligar y relacionarse. Por otro, se produce una objetualización de los cuerpos en la que los efectos de la autoedición personal, física y psicológica, definen un nuevo modo de experiencia romántica. Jesús Madriñán, como artista concienciado perteneciente a dicha comunidad y generación, pone el foco en los riesgos de estas dinámicas naturalizadas de representación y en los comportamientos dañinos, automatizados y discriminatorios que desencadenan. Su propuesta se sitúa en las antípodas rítmicas y conceptuales de los procesos de espectacularización propios de los medios digitales, captando personalidades que se desprenden de la coraza y revelan su núcleo interno.
A través de las dos series fotográficas reunidas en la muestra – Torremolinos (2018) y Washington Store (2023)– reflexiona en torno a las tendencias sexo-afectivas entre jóvenes gay online, moldeadas por intereses capitalistas y económicos, y sus consecuencias en la construcción identitaria. El creador parte del uso de Grindr para localizar a los usuarios que quieren participar en el proyecto y retratarles en las ciudades que dan título a las series. Se trata de encuentros profesionales breves, pero íntimos, que condensan toda su fuerza y potencialidad en una sola imagen. La magnífica galería de rostros y cuerpos masculinos, individuales y colectivos, da cuenta del trabajo más propio y característico de Madriñán: los retratos honestos, contundentes, profundos, cargados de una naturalidad sosegada que solo es posible mediante el refinamiento técnico y el dominio de la cámara de gran formato. La muestra invita al espectador a desarrollar una mirada contemplativa que ahonde estéticamente en la personalidad de los fotografiados, pero también una perspectiva crítica, a través del cuestionamiento de un fenómeno poco analizado: el impacto de las aplicaciones de citas en la conformación de la identidad, el bienestar psicoemocional y las relaciones intersubjetivas a día de hoy.
Ambos proyectos arrancan con la creación de un perfil en la plataforma Grindr donde el artista explica el proyecto y a qué se dedica incorporando fotos de trabajos anteriores. Su objetivo es subvertir su uso y desencadenar situaciones alejadas de las propias de la herramienta. Los ritmos, objetivos y consecuencias son diametralmente opuestos. Frente a la inmediatez, pausa; contra la aceleración, tranquilidad; del desnudo explícito al clásico; de lo virtual a lo físico; del filtro, a la naturalidad; de los prejuicios físicos y normativas encorsetadas a la libertad de los hombres mostrándose tal y como son. En el anuncio de Torremolinos, Madriñán especifica que la reunión de dos tendrá el fin exclusivo de realizar un retrato de desnudo para la serie fotográfica. Los jóvenes llegan a un antiguo almacén del municipio malagueño con expectación, en ocasiones dudosos de que el propósito sea realmente el anunciado. Es lógico, dadas las dinámicas mercantiles de la aplicación virtual. Al llegar se relajan, el artista promueve un espacio de seguridad y confianza donde les explica paso a paso el procedimiento. Básicamente, tienen que posar en un plinto y expresarse cómo deseen, sin artificios.
El set está preparado al milímetro: luces, fondo, escenario y cámara; no una cualquiera, sino una antigua de placas que condiciona la actitud de los fotografiados y la liturgia alrededor de la acción. El dispositivo decimonónico impone seriedad y respeto, hay un compromiso con la objetualidad de la imagen. «Al posar ante una cámara de gran formato se hace más presente la potencial pervivencia de esa fotografía en el futuro, su posteridad latente»[1]. Una vez que los modelos están ubicados en el pedestal, el fotógrafo se prepara para la toma. Enfoca a través del cristal esmerilado, bloquea el carro, visiona la imagen invertida en la oscuridad y, por último, sucede algo inusual e insospechado: Madriñán se gira en el momento de apretar el disparador, dando la espalda a los retratados y aportándoles un extra de libertad que les convierte en su propio y único espectador. En sus rostros se percibe la autenticidad fruto de la atmósfera relajada y el procedimiento lento, como si el ritual que envuelve la toma abriese un espacio honesto. El tiempo expandido pone en marcha un horizonte de expectativas que no acaban de materializarse en el encuentro porque la imagen se revelará días después. La magia de lo inesperado y la expectativa de lo incierto son factores inherentes a este método de trabajar.
El trabajo de Washington Store responde a invitación por parte de la Embajada de España a realizar un proyecto sobre la urbe americana con total libertad creativa, pero en 20 días. El planteamiento es diferente al de Torremolinos por las restricciones temporales: en lugar de quedar de forma individual con los jóvenes, Jesús Madriñán organizó un solo encuentro colectivo a la misma hora en un viejo almacén para retratarles de forma individual y grupal. La emoción y la incertidumbre del proceso se traslada a los resultados: en sus caras descubre gestos espontáneos, miradas perdidas, dignas, tristes, orgullosas. La pátina sensible se percibe especialmente en los retratos individuales donde el escudo identitario se desprende y los modelos nos dan permiso para penetrar su verdad. Las fotografías grupales en blanco y negro, sin embargo, denotan actitudes diferentes; si jugamos a identificar a los sujetos en ambos tipos de retratos, individual y colectivo, nos daremos cuenta del ligero cambio. Junto al resto de hombres, exteriorizan una expresión más altiva, alerta, sostenida. Sus mentones se elevan, sus brazos se cierran, la expresión facial se tensa. Parecen formar parte del catálogo de usuarios de la aplicación donde se proyectan para la mirada ajena. Frente a la imagen de masculinidad dominante y dura que transmiten los jóvenes en conjunto, los cuerpos desnudos individuales enseñan su cara noble, lo que hay debajo del envoltorio. En la intimidad libre del retrato ritualizado, los chicos apuestan secretamente por el cambio, por dejarse ver sin armadura y descubrir su corazón. Corazón coraza. Así tituló Benedetti uno de sus poemas, el mismo que decía «te escondes dulce en el orgullo». En la galería de retratos de la exposición sobrevuela una continua ambivalencia entre el ocultarse y el mostrarse, la ternura y la vanidad.
El proyecto fotográfico de Jesús Madriñán, tan manifiestamente bello como psicológico, trasciende el campo artístico para generar encuentros capaces de desvirtualizar una red de individuos que frecuentan el terreno abstracto de una aplicación de citas. Es probable que, en la reunión colectiva del almacén organizada por el artista, algunos hombres ni siquiera llegasen a intercambiar una sola palabra, pero compartieron un espacio donde pudieron ver sus cuerpos tridimensionales y sus actitudes sinceras frente a la cámara. Habitaron durante unas horas un terreno industrial de anonimato compartido en el que los gestos emitían frecuencias vibratorias e impactaban en otros cuerpos. Un lugar en el que el cruce de miradas, el roce y el afecto, aunque fugaces, eran posibles.












Exposición de 13 de mayo al 28 de junio del 2025
Imágenes de la sala
Imágenes de las obras

















Explicación Nerea Ubieto




